lunes, 16 de mayo de 2011

El polvo de la alegría

Boca venció 2 a 0 a River en un partido que se abrió gracias a un gol de regalo por parte del arquero Carrizo y con Palermo que sigue haciendo historia. Fiesta total en La Boca.

La tarde se transformó en colores azul y oro, la previa como en los clásicos de siempre con esos condimentos picantes y alegres que se dibujan en cada gesto de los hinchas y no era para menos en el día que se jugaba el superclásico de la gente: Boca-River. El partido no fue jugado correctamente, hace tiempo que no se puede visualizar un juego superior de algún equipo en estas clases de cotejos, pero en el caso de ayer, sí podemos afirmar que River salió a ganar y no tuvo miedo en pisar la "Bombonera", hasta que un error propio cambió el rumbo de quien merecía ser el ganador. Boca jugó mal, nunca presentó inquietudes graves en los defensores del rival y fue vapuleado durante los primeros 30 minutos por un River que necesitaba más que nunca estos tres puntos. Pero lo que importa es ganar el clásico, se juegue como se juegue hay que ganarlo, dejar las técnicas y el libreto del juego bonito para jugar con lo poco que uno tiene y sólo dejar el corazón y resistir hasta el final y eso eligió Boca.

Boca fue un justo ganador, no importan las formas sino el resultado y en La Boca la suerte estuvo vigente; quien iba a pensar que un arquero de selección iba a cometer semejante desprolijidad y así condenar a su equipo que jamás pudo levantar. A los 28', luego de un córner, llegó el toque de Fabián Monzón y cuando uno pensaba que la pelota quedaba en manos del arquero del "Millo", nadie imaginó lo que se vino después, pero pasó. Juan Pablo Carrizo manoteó el balón, pero la metió dentro del arco y ahí River se vino abajo y otra tarde negra en su historia. Sin embargo, si algo faltaba para matar al conjunto de López era que a los dos minutos de ese gol que le daba el triunfo a Boca, se venía el segundo gol. En un rechazo en el área, cuando River pensaba que se iba el peligro, de la nada la jugada se convirtió en su peor pesadilla, a los 30', habilitado y posicionado como sólo él sabe, Martín Palermo marcó de cabeza el 2-0 para que el estadio estalle de alegría y de llantos, el último gol en un superclásico del héroe de siempre y el abrazo con Riquelme para guardar en el recuerdo.

En la segunda parte el cuento no pudo cambiar a favor de River, se creó una linda sociedad entre Cristian Chávez y Pablo Mouche, quienes tuvieron pilas para correr en lo que eran los ataques de Boca, aunque sin mucha efectividad. Juan Román Riquelme fue un fantasma y no tomó el control del partido en ningún momento, pero con el clásico ganado, él ya estaba feliz. El árbitro Patricio Loustau no acertó en ciertas jugadas que podrían haber modificado el partido, ya que si uno saca cuentas, hubo cuatro penales que no fueron cobrados, pero aún así ni Pavone, ni Funes Mori sirvieron para dar vuelta el resultado. Pero si faltaba otro momento mágico en la cancha fue el cambio del "Titán" a los 36', lágrimas por todo el estadio y por el mismo protagonista que selló lo gigante que es para Boca. Y como si faltara otro ingrediente, en el final la violencia no podía faltar, Clemente Rodríguez provocó a Matías Almeyda y ante las ganas de irse a las manos, lo mejor fue la expulsión de ambos jugadores, aunque la reacción del capitán de River fue lamentable incitando con furia a la hinchada local.



Boca está feliz, estos tres puntazos son de oro para un equipo de Falcioni que no encuentra el buen juego, pero gana a fuerza de talentos puros como los de Martín y cía. Un sueño cercano es pensar en una posible clasificación a la Copa Sudamerica, pero lo importante es sumar para no decaer en el próximo torneo con el tema de los promedios que River tan cerca lo tiene. Las palabras del técnico Julio César Falcioni no dejan para ninguna otra escritura, se luchó, sufrió y peleó, pero nadie saca esta alegría de la gente ni del plantel: "Increíble, un polvo bárbaro".


Ángela Villavicencio (angyvillavicencio@gmail.com).















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